← Recor•DAR · To read From my notebooks
Join me on this journey, which might reflect your own.
A space where I share entries from the notebooks I began filling seven years ago. Rereading them, I realised I had documented my own transformation and decided to share it. I did not write with publication in mind, but I am allowing myself this experiment. If it resonates with you, welcome.
It is a path of overcoming and evolution. At first there seems to be so much confusion and recurring feelings and traumas… but I keep evolving because I follow my curiosity and never tire of asking questions. Little by little, I return to myself, remember who I am, and begin to understand life.
Rereading and publishing this has been an enormous challenge, because I see who I was and admire who I am now.
I periodically publish the pages chronologically, exactly as I wrote them at the time, alongside photographs of my handwritten notebooks.
Si, lo único que es irrefutablemente nuestro y que nadie más nos puede quitar y que nadie más nos lo puede arrebatar son los recuerdos. Lo único que nos llevamos o conservamos, o dejamos por seguro, sea que vivamos muchos años o al momento de partir, son los recuerdos que adquirimos o producimos. ¿Por qué nos empeñamos en adquirir cada vez más cosas en vez de experiencias que marquen nuestros recuerdos para siempre?
Porque a los nuestros preferimos darles recursos en vez de recuerdos. Por qué postergamos oportunidades, deseos, sueños para seguir adquiriendo cosas materiales que al final no hay garantía que sean nuestras de verdad, no hay modo de llevarnos o de quedarnos con ellos. Porque sacrificamos el tiempo valioso que podemos estar produciendo los mejores recuerdos cargados de la mejor energía, los mejores y más intensos sentimientos en nosotros o en los nuestros.
Quiero ser una productora de buenos recuerdos, deliberadamente me estoy dedicando a producir de manera consciente recuerdos valiosos en la memoria.
Me puse a pensar y dije, quiero encontrar mi hogar. Y al tener este pensamiento, me imaginé una pareja. Pero luego reflexioné y dije, mi hogar soy yo. “Soy yo y mis cosillas y manías que cargo a donde voy”. Mis libros en el Kindle, los que leí, leo y lo que nunca leeré, pero ahí están. Mis cuadernos para escribir, mi pluma, mis cuadernos para dibujar y mis lápices de colores. Mi computadora que es mi herramienta de trabajo. Mi celular que es mi conexión con el mundo y con lo que me es familiar. Mi ropa, lo básico que cargo y que no es mucho. Esas cosas que puedo llamar mías y que son de valor.
El silencio es una de las cosas que me dualiza, me asusta terriblemente y me fascina a la vez. El no ruido, la ausencia de sonidos, cuando todo se apaga y tu volumen interior se pone a prueba, cuando el exterior se apaga y por fin se enciende lo importante, lo siempre relegado. Nuestros propios asuntos, nuestra esencia, a la que ferozmente nos esforzamos en ignorarla.
No en vano el entretenimiento es una industria millonaria y tan pero tan requerida y solicitada. Necesitamos creer que no hay tiempo para escucharnos a nosotros mismos y no hay para qué hacerlo. En el silencio podemos adentrarnos en nuestro interior y por fin escuchar lo que hay allí. ¡Qué difícil! ¿Cómo entender ese mundo tan nuestro, tan desconocido y lejano? ¿Cómo entender el caos que escondemos? ¿Cómo enfrentarnos a la verdad que yace allí sin posibilidad de evasión? ¿Cómo conocer ese mundo desconocido que siempre estuvo, pero nunca nos tomamos el tiempo y la seriedad de escucharlo?